“Casa Tomada” – La revolución de los claveles, después de 40 años

Estoy extremadamente sensible estos días.
Como si fuera ya incapaz de soportar más indignación.

La revolución de los claveles, que demostró que el pueblo es quien más ordena, ha desaparecido.
Ver en el video, cómo los ciudadanos son obligados a retirarse, amablemente, del Parlamento enturbia la conmemoración de aquel día, que todos aplaudimos y muchos, recordamos.

* Publicado en El Diario.es

Pero una cosa está clara: Nos quieren fuera de él.
Los que debieran respetarnos, por haberles puesto allí, ¡¡lo tienen tomado!!
¿Qué le pasa a los portugueses?
¿Qué nos pasa a los españoles?
¿Dónde ha quedado la resistencia de los griegos?

Recuerdo el cuento de Julio Cortázar, “Casa tomada” en el cual los protagonistas, dos hermanos, temerosos de los ruidos desconocidos que oyen, se convencen de que hay extraños en la casa, que les han invadido. Y terminan refugiados en una sola habitación.

Han tomado “nuestra” casa.
Hemos aceptado como verdadero el ruido que hace la propaganda del miedo.
Y les hemos dejado que la tomaran.

Están celebrando no se quiénes ni sabiendo con certeza cuál es la victoria, que habrá un 50% de abstención.

27.000.000 de pobres recorren una Europa salvaje que no es la Unión que nos han prometido.
Nos están sirviendo cada día, el plato frío y correoso que hemos de comer, impuesto en aras de una austeridad que hunde países y sus cuidadanos, aterrados, no saben reaccionar.

Aceptamos corrupción, como animal de compañía.
Aceptamos que se hayan llevado a sus bolsillos y a Suiza, el dinero público que nos pertenece.
Aceptamos que nuestros nietos tengan que pagar el rescate de la banca, que ya suma 116.000 millones de euros.
Aceptamos que nos despidan y cierren empresas, porque los bancos rescatados, tienen cerrado el grifo del crédito.
Aceptamos que nuestros niños tengan hambre, que familias enteras deban acudir a comedores de caridad.
Aceptamos que digan que somos “parásitos”, porque no encontramos ni tenemos derecho a un trabajo digno.
Aceptamos que nuestros hijos no se incorporen al mercado laboral y nos obliguen a los padres a trabajar más años para poder jubilarnos.
Aceptamos que lo privaticen todo, dejando España, convertida en un erial.
Aceptamos las listas de espera en Sanidad, la falta de eficiencia por no tener personal, que los pacientes mueran en los pasillos de urgencias.
Aceptamos su cinismo y su desfachatez.

Aceptamos. Y aceptamos. Y aceptamos.

Estamos desarmados y cautivos.

Al menos, eso es lo que nos han hecho creer, porque no tenemos armas que disparen balas (Aunque ya se lucran vendiéndolas al exterior). Ni tenemos bombas que destruyan al enemigo (Perdonad si me regodeo un poco con la imagen, aunque yo suelo preferir la guillotina).

Y nos lo han hecho creer porque es un enemigo que no tiene rostro de ser humano, en quien poder depositar nuestros odios por lo que nos quita, sino aureola de ideología política: El gran capitalismo, descarado amo del mundo global.

Pero están confundidos.

Si tenemos armas.

Tenemos 34.000.000 de armas para disparar.

Cada ciudadano la suya.
Si las usamos todos el mismo día, podemos comenzar a cambiar las cosas.
Nos lo cargamos de una tacada.

Por lo menos, podemos plantar cara y echar del Congreso, a aquellos que lo tienen tomado.

Para ello, necesitamos sentir que ese Congreso, es NUESTRO.
Nadie les ha hecho amos. Ya no es época de “señoritos”

A los que en él trabajan, se les ha dado el poder de “administrar” y un administrador debe rendir cuentas.
Nadie les ha dado su consentimiento para que “malversen” nuestro dinero ni destruyan cada uno de nuestros derechos.
Echémosles a correazos, como merecen.
Hemos de perder el miedo, ese miedo metido en nuestras mentes igual que en “1984”.
Y podemos empezar a demostrarles que han perdido, con la mayor participación ciudadana jamás vista en la democracia, en las elecciones europeas.
No os pido el voto para nadie.
Simplemente os digo:

¡Apuntad sin miedo!

Que 34.000.000 de votos ¡¡MATAN!!